Divorcio: diferencias entre un matrimonio civil y un matrimonio católico

Es posible que surjan dudas a la hora de saber las diferencias respecto a cómo se lleva a cabo la disolución de un matrimonio dependiendo de si este es civil o católico, ya que no sólo la terminología es distinta sino que existen diferencias a nivel de efectos legales.

Mientras que el matrimonio civil produce sólo efectos civiles, el matrimonio católico produce tanto efectos civiles como religiosos y son precisamente los efectos religiosos los que marcan la diferencia en la disolución matrimonial.

Pasemos a analizar cada supuesto por separado.

El divorcio de un matrimonio civil

El divorcio es una de las causas, distinta de la muerte o de la declaración de fallecimiento, para disolver el vínculo matrimonial y así lo recoge el artículo 85 del Código Civil. Para llevarse a cabo dicho acto es suficiente la petición de uno solo de los cónyuges, de ambos o de uno con el consentimiento del otro cuando concurran ciertos requisitos y circunstancias.

Básicamente, para solicitar el divorcio, el Código Civil exige que hayan transcurrido tres meses desde la celebración del matrimonio salvo que se “acredite la existencia de un riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge demandante o de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio”.

Como puede observarse, las causas para solicitar el divorcio que recogía la anterior legislación han sido suprimidas con la reforma de 2005, por lo que los cónyuges son completamente libres para decidir terminar el matrimonio, excepto por los tres meses mencionados anteriormente.

Tal y como indica el Código Civil, se exige que hayan transcurrido tres meses desde la celebración del matrimonio para poder solicitar el divorcio, a no ser que “se acredite la existencia de un riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge demandante o de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio”.

La tramitación del divorcio puede llevarse a cabo de mutuo acuerdo o de forma contenciosa, dependiendo de que haya o no acuerdo entre las partes. A su vez, dependiendo de la existencia o no de hijos menores no emancipados o hijos mayores respecto de los que se hayan establecido judicialmente medidas de apoyo atribuidas a sus progenitores, se tramitará o bien ante el Juez o bien ante el Letrado de la Administración de Justicia o en escritura pública ante Notario.

La inscripción de las resoluciones judiciales firmes dictadas en los procedimientos de divorcio deberá realizarse por parte del Letrado de la Administración de Justicia del juzgado o tribunal que la hubiera dictado en el mismo día o al siguiente día hábil por medios electrónicos mediante testimonio o copia electrónica de la misma a la Oficina General del Registro Civil, la cual practicará de forma inmediata la correspondiente inscripción. La misma obligación tendrá el Notario que hubiera autorizado la escritura pública formalizando el divorcio.

El divorcio de un matrimonio católico

A diferencia del divorcio civil, la disolución del vínculo católico es muy rígida ya que el propio Código del Derecho Canónico configura el matrimonio como un consorcio para toda la vida fundamentado sobre dos pilares, como la unidad y la indisolubilidad.

En consecuencia, para el matrimonio católico no existe el divorcio como tal ni puede concederse, pero sí se puede solicitar su anulación o la nulidad en algunos casos muy concretos.

Sobre la disolución o anulación del vínculo se habla en los cánones 1141 y siguientes cuando establecen que el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte.

¿Pero qué es un matrimonio rato y consumado? El propio canon 1061 nos da la respuesta:

  1. El matrimonio válido entre bautizados se llama sólo rato si no ha sido consumado; rato y consumado si los cónyuges han realizado de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la prole, al que el matrimonio se ordena por su misma naturaleza y mediante el cual los cónyuges se hacen una sola carne.
  2. Una vez celebrado el matrimonio, si los cónyuges han cohabitado, se presume la consumación mientras no se pruebe lo contrario.

No existe el divorcio como tal en el matrimonio católico y no puede aprobarse, pero en casos muy específicos puede exigirse su nulidad.

Como puede observarse, para que el matrimonio pueda ser anulado no ha de ser rato ni tampoco consumado y, de darse estas circunstancias puede ser disuelto por Romano Pontífice.

Por su parte, la nulidad matrimonial en el derecho canónico operaría siempre que en la celebración del matrimonio en cuestión haya operado un impedimento, un defecto de forma o vicio del consentimiento. Si no se dan dichas circunstancias, difícilmente los tribunales eclesiásticos declararían nulo un matrimonio, ya que este goza del favor del derecho mientras no se pruebe lo contrario.

Declarada la nulidad matrimonial católica y una vez ejecutada la sentencia, el Vicario judicial debe notificarla al Ordinario del lugar en el que se celebró el matrimonio y éste debe cuidar de que se anoten cuanto antes en el libro de matrimonios y en el de bautismos la nulidad que se ha declarado y las prohibiciones que quizá se hayan añadido.

Escrito porMarina Sîia CraciunSecretaria Jurídica.
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